viernes, 2 de octubre de 2020

Comicteca: Flinch, una antología Vertigo de horror

El horror es un género que siempre se ha llevado bien con los cómics y con la ficción corta, así que no es sorpresa que a lo largo de los años haya habido varios intentos por presentar historias cortas de horror en formato de cómic. Desde los clásicos títulos de la EC publicados en los años cincuenta hasta las populares revistas en blanco y negro de los años setenta, muchas veces en abierto enfrentamiento a la censura, el horror siempre ha tenido un lugar importante en los cómics.


En los años noventa el género revivió al capturar nuevamente la atención de los lectores, así que no fue ninguna sorpresa que DC Comics anunciara en 1999 la aparición de una antología bajo el sello Vertigo, lo que garantizaba manga ancha para dar a los autores toda la libertad posible a la hora de crear sus historias. Flinch fue una serie que duró dieciséis números, publicados entre 1999 y 2000, cada uno con tres historias de ocho páginas cada una, las cuales cubrían una amplia gama de subgéneros y variedades de horror.

Como toda antología, el resultado está lleno de altibajos, y el nivel al que uno pueda disfrutar su lectura depende en buena medida de que tan aficionado al género y sus variantes sea cada quien, pero en la mejor tradición de las mencionadas y añoradas publicaciones de editoriales como EC y Warren, el espectro cubierto en estos relatos va desde terrores cotidianos del mundo moderno que rayan en lo ordinario hasta sustos sobrenaturales y violencia absurda y sin sentido. Si tuviera que describir con una sola palabra las historias contenidas en esta colección, tendría que ser "perturbadoras".


Mi única queja con la serie en general sería con la rigidez del formato usado en la antología al amarrar a todos los equipos creativos a trabajar con ocho páginas. Hay un puñado de historias que habrían funcionado de forma más efectiva con menos páginas, y varias más que se hubieran beneficiado de disponer de mayor espacio para explorar de mejor manera sus ideas, así que no me hubiera molestado tener números con una sola historia de 20 o 24 páginas, o alguno con más y de extensión variable.

Al igual que algunas de las historias de horror más memorables, muchos de estos relatos presentan como parte de su entorno un retrato o distorsionado reflejo de algunos de los aspectos más oscuros de la sociedad en que vivimos, y pese a que han transcurrido ya veinte años desde su publicación, muchos de los temas usados como trasfondo siguen igual de vigentes hoy día, demostrando que los rincones más oscuros del espíritu humano permanecen inamovibles a través de los años.


Esta peculiar y sombría exploración de temas, objetos, obsesiones y temores que nos quitan el sueño abarca desde zombis con problemas para manejar su ira hasta ancianos petulantes y peligrosos, pasando por siniestros crímenes que muestran el lado más oscuro del ser humano, tiendas de disfraces que en realidad alquilan terrores reales o historias llenas de un retorcido y fino humor, como el recuento de una versión alternativa de lo que sucedió con el Titanic.

En total se publicaron cuarenta y ocho historias individuales en las páginas de Flinch, y si no les apetece la idea de intentar cazar los dieciséis números originales de la serie en su tienda u outlet de confianza, supongo que les interesará saber que DC rescató todo el material de la serie y lo recopiló en dos volúmenes de pasta blanda, aparecidos hace menos de cinco años, por lo que puede que no sea tan difícil tratar de localizarlos.


El listado de colaboradores de esta antología se lee como un quién es quién de las últimas décadas en el mundo del cómic, con historias de escritores como Brian Azzarello, Garth Ennis, Bill Willingham, John Arcudi, Bruce Jones, Joe R. Lansdale, Greg Rucka o Mike Carey que cobraron vida gracias a artistas como David Lloyd, Kelley Jones, Jim Lee, Frank Quitely, Richard Corben, Eduardo Risso, Bill Sienkiewicz, Bernie Wrightson o Bruce Timm, entre muchos otros.

Flinch, como casi cualquier antología, contiene algunas piezas olvidables, pero cuenta también con verdaderas joyas que hacen que valga mucho la pena invertir algo de tiempo en localizar y leer estas historias. Sólo procuren no hacerlo justo antes de irse a dormir, pues no hay garantía de que alguna de ellas no vaya a sembrar la semilla de una pesadilla. Lectura bastante recomendada, sobre todo para los aficionados al género.

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