James Cameron es un director que será recordado, más que por su talento narrativo o capacidad creativa, por sus contribuciones técnicas a la cinematografía, sobre todo en el campo de los efectos visuales. Terminator, The Abyss, Terminator 2 e incluso Titanic, son muestras representativas de su trabajo: fastuosas producciones de elevados presupuestos donde la historia y el desarrollo de personajes pasan a segundo término.

Su nuevo trabajo, Avatar, es más de lo mismo. El proyecto estaba en su cabeza desde hace más de veinte años, cuando comenzó a mencionar que tenía intención de realizar una épica de ciencia ficción que combinara elementos de muchos libros con la aspiración de que se convirtiera en un referente del género. Su intención era comenzar a filmar al terminar Titanic, pero el elevado presupuesto requerido para hacer lo que quería ahuyentó el interés de todos los estudios. Por fin en 2002, tras ver lo que Peter Jackson hizo con Gollum en la trilogía de The Lord of the Rings, Cameron decidió que la tecnología ya le permitiría hacer todo lo que quería.