No es normal que me tome dos meses completar un texto. Menos aún si se trata de cine, y más todavía si es acerca de una de mis películas favoritas de los últimos meses. A manera de recordatorio, en un texto anterior hablé sobre King Kong en general, de algunos aspectos de la versión original y de por qué es un clásico, y prometí explayarme sobre mis razones para calificar a la versión de Peter Jackson como digna heredera de la original.
Primero que nada, es necesario señalar que Peter Jackson dirige, antes que nada, con el corazón. Cada una de sus películas refleja su pasión por contar historias, y es evidente en cada una de ellas que son historias cercanas a él. Y King Kong no es la excepción. Yo iría un poco más allá y me atrevería a señalarla como uno de sus proyectos más personales, en lo cual coincidiría con la versión de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack. Me explico. Una de las diferencias más grandes entre ambas versiones está en el manejo de personajes, donde resaltan el propio Kong y Carl Denham. Y Denham es precisamente el personaje que refleja más de la personalidad de los directores de ambas versiones.


