Las películas basadas en hechos históricos, sobre todo aquellas relacionadas a guerras, tienen el problema de que pueden desviarse en una de dos direcciones y rara vez encontramos producciones que mantengan un equilibrio.
O se convierten en una historia idealizada con una exagerada romantización de los hechos, donde cada héroe realiza enormes sacrificios y ejecuta actos que elevan el espíritu y la condición humana, o en un afán de mantener la historia lo más fiel posible a los hechos se vuelven un drama documental carente de matices emocionales. Lamentablemente Valkyrie (Operación Valquiria) sufre esa falta de balance y cae en la segunda categoría.