
El retiro como director de Luc Besson trajo como consecuencia que muchas de las locas e imaginativas ideas para hacer cine a su manera, mismas que lo lanzaron a la fama hace casi dos décadas, sirvan ahora para alimentar las carreras de una horda de aprendices e imitadores cuya única aspiración como directores de cine parece ser crear entretenimiento de acción para un público masivo.
Lo cual no es algo malo. Olivier Megaton es uno de esos directores, que tras haber heredado la franquicia de The Transporter (El Transportador) de manos de Louis Leterrier, regresa para dirigir la tercera entrega.
No es secreto para nadie que la saga en cuestión debe su éxito en buena medida al carisma de su protagonista, Jason Statham, quien una vez más encarna a Frank Martin, transportador profesional para quien no existe trabajo demasiado difícil o demasiado arriesgado. En esta ocasión Martin es obligado a realizar una entrega para la cual tendrá que atravesar la mitad de Europa bajo circunstancias inusuales. Primero, porque lleva a una atractiva joven ucraniana en el asiento de al lado, y segundo, porque tiene puesto un brazalete explosivo que lo hará volar en pedazos si se aleja más de unos cuantos metros de su auto.