Mostrando las entradas con la etiqueta Drew Barrymore. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Drew Barrymore. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de agosto de 2003

Confessions of a Dangerous Mind (Confesiones de una Mente Peligrosa)

George Clooney hace su debut como director llevando a la pantalla un guion de Charlie Kaufman, autor de los guiones de Being John Malkovich (¿Quieres ser John Malkovich?) y Adaptation (El Ladrón de Orquídeas), basado en Confessions of a Dangerous Mind (Confesiones de una Mente Peligrosa), la autobiografía de Chuck Barris, exitoso productor de televisión que en los años sesenta creó algunos de los más exitosos programas de concursos de la televisión norteamericana.

Lo atractivo de la historia radica en que, en su libro, Barris confiesa haber trabajado como asesino para la CIA durante la Guerra Fría, cuando mató a un total de treinta y tres personas, supuestos enemigos de la democracia e instigadores comunistas.

Más allá de si la historia es cierta o no, Confesiones de Una Mente Peligrosa presenta una interesante visión de la paranoia imperante en los Estados Unidos durante la llamada Guerra Fría, al tiempo que se burla del estado de la TV estadounidense y la baja calidad de los programas de entretenimiento de la época.

jueves, 31 de julio de 2003

Charlie's Angels: Full Throttle (Los Angeles de Charlie al Límite)

Antes que nada es importante aclarar algo. El cine es considerado El Séptimo Arte, y durante muchos años ha sido uno de los vehículos de expresión favoritos para toda clase de artistas, ya sea para presentar su visión del mundo y las relaciones humanas, o bien para expresar sus puntos de vista e ideologías sobre cualquier tema. Pero es importante mantener siempre en mente que el cine, además de arte, es entretenimiento.

Aclarado este punto, puedo recomendar Charlie's Angels: Full Throttle como una de las películas más divertidas del 2003. Luego del bodrío que resultó la primera parte, mis expectativas para esta cinta eran mínimas, por no decir que inexistentes.

Por fortuna McG y Drew Barrymore, productora de la película y propietaria de los derechos de la franquicia, decidieron no complicarse la vida al tratar de validar la existencia de esta propiedad como algo serio, y optaron por hacer de esta secuela una comedia descarada, sin pretensiones de ser algo más.