Durante la segunda mitad de los años ochenta, la industria comiquera estadounidense vivió su propia invasión británica cuando un grupo de jóvenes escritores siguió los pasos de Alan Moore para aventurarse a trabajar de este lado del Atlántico. Uno de ellos fue Neil Gaiman.
Después de relevar a Moore en la aclamada Miracleman, Gaiman halló trabajo en DC Comics escribiendo la miniserie Black Orchid, donde colaboró con su amigo y compatriota Dave McKean y en la que presentaban una versión actualizada de un viejo personaje olvidado de la compañía. Originalmente habría ahí una aparición de Sandman, un héroe creado por Jack Kirby a inicios de los sesenta. Al final el personaje no apareció, pero Gaiman empezó a idear formas de usarlo en otra historia.
