A veces todavía me sorprende notar la forma en que la percepción de la mal llamada literatura "de género" ha cambiado en los últimos veinte años. Todavía es común hallar snobs que la consideran algo indigno y de menor calidad, sin tomarse al menos la molestia de leer y juzgar cada libro por sus propios méritos o defectos, pero su lugar en la cultura pop es mucho más aceptado ahora que hace unos años. Entonces no era fácil hallar en nuestro país novelas de ciencia ficción, fantasia u horror, y los aficionados a esos géneros debíamos encargarlas del extranjero o cazarlas en las pocas librerías y locales que las incluían entre su oferta.
Yo la compré ese mismo año en una tienda de cómics (no es tan raro como suena, pues la publicó una editorial especializada en juegos de rol que tenía un espacio en el local en cuestión), porque luego de que me llamó la atención su portada (que pueden ver a la derecha de estas líneas), la sinopsis en la contraportada me intrigó lo suficiente como para darle una oportunidad pese a nunca haber escuchado de ella o de su autor.
