Hace cinco años ya que se estrenó Ghost Rider, y recuerdo que mi reseña me ganó algunos reclamos por atreverme a decir que me había parecido bastante entretenida, aun a pesar que desde el principio aclaré que no me parecía una buena película.
Siempre he sido de la idea que la calidad de un producto no va necesariamente ligada al goce o satisfacción que proporciona, y eso aplica doblemente al mundo del entretenimiento. Esto lo digo debido a que la valoración que uno hace de una película, un libro, videojuego o serie de televisión, es subjetiva y puede variar de acuerdo a muchas cosas, incluyendo el estado de ánimo que se tenga al momento de ver o leer algo en particular.
Al sumar eso a la satisfacción obtenida de las expectativas previas, es muy difícil encontrar objetividad al juzgar un producto de entretenimiento.