A casi cincuenta años de su estreno, The Exorcist (El Exorcista, 1973), película de William Friedkin escrita por William Peter Blatty y basada en su propia novela, es promocionada como "la película más aterradora de todos los tiempos", y debo confesar que es una afirmación que desde niño me ha parecido exagerada e injustificada.
La primera vez que la vi fue en los ochenta, a los 12 o 13 años de edad, y me pareció aburrida. Mi madre y tíos me habían contado que cuando se estrenó la gente salía aterrorizada de los cines antes de que acabara, que algunos vomitaban en la sala y sufrían pesadillas semanas después de verla. Y no entendía por qué. Me parecía lenta y rebuscada, con efectos pasables y sin una sola escena capaz de causar sobresalto.
