Hace un par de años pasamos por la experiencia de vivir en carne propia los resultados de la paranoia que puede causar la aparición de una epidemia viral desconocida, como se dio con la influenza A-H1N1, también conocida como gripe porcina.
Por fortuna (o por desgracia, según su punto de vista o creencias personales), el Aporkalipsis no se concretó y la humanidad pudo sobrevivir para continuar con su sistemática e implacable explotación y destrucción del mundo, y lo único dañado fue la economía de las principales ciudades afectadas por la epidemia, entre ellas la Ciudad de México.