miércoles, 15 de abril de 2009

Masters of Horror: Larry Cohen

Tal vez el nombre de Larry Cohen no sea uno de los más asociados al género de horror en los últimos años, sobre todo ahora que en años recientes algunos de sus guiones mainstream han gozado de muy buena aceptación por parte de la crítica, destacando el del sorprendiente thriller hitchcockiano Phone Booth (Enlace Mortal).

Pero para quienes gustamos del cine de género, su nombre permanecerá eternamente ligado a sagas de horror como It's Alive (El Monstruo Vive, El Monstruo Vuelve a Vivir, y una tercera parte que no he visto e ignoro si tenga título en español) o a películas como Q o The Stuff.


Incluso puede ser que alguien recuerde sus inicios en televisión, como co-creador y escritor de The Invaders (Los Invasores), o sus primeros pasos en cine dirigiendo clásicos del blaxploitation como Black Ceasar o Hell Up in Harlem. Como sea, el caso es que su nombre y el horror tienen algún tiempo de no verse asociados y tal vez sea eso lo que hace de Pick Me Up, el episodio que dirigió para la primera temporada de Masters of Horror, una agradable sorpresa.

En Pick Me Up (El Conductor y El Forastero - ¿Cómo esperan que uno no se moleste por las traducciones cuando éstas siguen siendo tan malas?) Cohen dirige una adaptación de un cuento de David Schow, el guionista de The Crow.

La historia juega con un par de leyendas urbanas de carretera: la del camionero asesino, quien ofrece dar un aventón para después despachar a sangre fría a sus confiados pasajeros; y la del vagabundo desconocido que viaja pidiendo aventón pero lo único que busca es asesinar a sus benefactores en la primera oportunidad que se le presente.

La historia comienza con un autobús de pasajeros que se avería en medio de la nada, lejos de cualquier estación de servicio o teléfono público, en medio del bosque, sin señal de celular y en una carretera poco transitada.

Lleva sólo un puñado de pasajeros, quienes terminan separados de diferentes formas. Cuando un trailero de nombre Wheeler (Michael Moriarty, colaborador frecuente de Cohen) se detiene para ofrecer ayuda, solo dos de ellos, una mujer y un joven que viajan cada uno por su cuenta, aceptan viajar con el hasta la estación de servicio más cercana. Un matrimonio que discute todo el tiempo decide quedarse con el conductor del autobús hasta que la compañía envíe ayuda, y una joven recién divorciada de nombre Stacia (Fairuza Balk) decide que caminará hasta hallar algún motel.

Pronto aparece en escena Walker, un hombre joven que se dedica a viajar de aventones. Tras unos minutos Wheeler y Walker asumen de lleno sus papeles como los asesinos de la historia despachando víctimas a diestra y siniestra hasta encontrarse por la noche en el motel al cual llegó Stacia.

Ahí se dedican a hostigarse verbalmente uno al otro mientras una cada vez más asustada Stacia se da cuenta de que está entre la espada y la pared.

El último acto de la historia se convierte en un entretenido enfrentamiento entre los dos personajes, avivado por unas cuantas vueltas de tuerca que se mantienen hasta el último momento, resultando una muy entretenida experiencia para satisfacer tanto a los aficionados del género como al espectador casual en busca de una hora de entretenimiento ligero.


Creo que lo que hace que resulte tan disfrutable es que el guión, escrito por el propio Schow, no solo decida hacer uso de situaciones consideradas como clichés del género, si no que se regodee en ellos. Incluso los nombres de los asesinos son un guiño a la obviedad de la situación, pues bien podrían traducirse como Rodante (Wheeler) y Caminante (Walker). Como sea, Cohen demuestra que a pesar de haberse convertido en un guionista comercialmente respetado todavía puede dirigir de forma muy capaz y solvente historias de género sin pretensiones. Ojalá no deje de hacerlo aunque sea de forma esporádica.

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