martes, 18 de marzo de 2008

Librerías

Hace unos días visite por primera vez una librería que no conocía, la Daniel Cosío Villegas del Fondo de Cultura Económica, ubicada en Avenida Universidad justo frente a uno de los más populares y viejos centros comerciales de la Ciudad de México.

Pese a pasar bastante tiempo en esa zona de la ciudad desde hace varios años, nunca había visitado ese lugar en particular, teniendo mis fuentes habituales para búsqueda de libros un poco más al sur, concretamente en los alrededores de la glorieta de Miguel Angel de Quevedo, donde están Gandhi, El Sótano, otra más del FCE cuyo nombre nunca he sabido, y un par de "librerías de viejo".

El caso es que acudí por primera vez a la librería en cuestión con la idea de buscar dos títulos en específico y echar un vistazo alrededor en busca de algún otro libro que llamase mi atención. Dado que los dos títulos que buscaba pertenecen al género de ciencia ficción decidí empezar por ahí, pero sabedor de que no es un género bien visto por la mayoría de la gente -lo cual incluye a los empleados de las librerías- nunca he usado el método rápido y sencillo de preguntar donde encuentro esa sección, prefiriendo seguir el razonamiento lógico que me ha ayudado a ubicar los libros que busco en prácticamente cualquier librería: hallar el punto más lejos de la caja y de la vista del público en general.

Así que bajo esa lógica me encaminé hacia la planta alta del local y efectivamente, ahí, compartiendo espacio con la literatura infantil y juvenil, encontré un par de libreros etiquetados como "Literatura Fantástica y de Terror", y en ellos pude distinguir varias colecciones de literatura de género, incluyendo ciencia ficción.

Rápidamente hallé uno de los títulos que buscaba y me sorprendí al ver una serie de libros ligeramente a la izquierda del que buscaba: la saga de Caballo de Troya, de JJ Benítez. Primero me molestó un poco la idea de ver la obra de semejante charlatán en medio de una de mis secciones favoritas de cualquier librería, pero tras pensarlo un momento no pude evitar sonreír.


¿Qué mejor lugar para exhibir la obra de uno de los autores más vendidos de las últimas décadas, cuyo trabajo son "transcripciones fieles" de diarios de personal de NASA y la Fuerza Aérea norteamericana en los cuales se detalla su experiencia como parte de un proyecto secreto de viajes en el tiempo, que en medio de la "Literatura Fantástica"? Digo, no es como si Benítez tuviese algún problema de credibilidad, habiendo declarado en un principio que tenía en su poder diarios que se convertirían en tres libros y sin embargo suman ya 8 y contando, además de toda clase de spin-offs y derivados cada vez más inverosímiles y contradictorios.

Habiendo localizado el segundo libro que buscaba me topé con la confirmación de que la obra de Benítez fue colocada de manera intencional en esa sección por el personal de la librería, pues algunos libros a la derecha del que estaba buscando pude ver la obra de ese otro bastión de la ignorancia y prócer de la charlatanería profesional, Carlos Trejo, cuyo testimonial de una auténtica y real historia de una casa embrujada titulado Cañitas se encontraba ahí en sus dos versiones, la original, y la "corregida y aumentada". ¿Cómo puede el testimonial de una historia de la vida real ser corregido y aumentado? Imagino que con todos los detalles omitidos y/u olvidados que el cheque del editor trajo de vuelta a su memoria, claro.

Di un recorrido por la sección de literatura universal, donde comparten espacio obras de toda clase, desde clásicos de todas las épocas hasta best-sellers actuales, ordenados en riguroso orden alfabético por autores. Tomé una novela policíaca y me dirigí a la caja con una sonrisa al constatar que lo único que separa la obra de Tom Clancy de la de GK Chesterton, es el trabajo de Sir Winston Churchill.

Y pensar que solo unos pocos entienden por que me gusta pasar tanto tiempo recorriendo los estantes de una librería.

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