lunes, junio 12

X-Men: The Last Stand

Con esta tercera película, 20th Century Fox presuntamente da por terminada la saga de los mutantes más populares del mundo. Al menos en conjunto, pues se supone que ya hay trabajo de preproducción para un spin-off estelarizado por Hugh Jackman siguiendo las aventuras de Wolverine en solitario, y de una especie de precuela protagonizada por un joven Magneto, quien sería encarnado por el propio Sir Ian McKellen.

Pero volviendo a X-Men, esta tercera película tuvo varios problemas durante la etapa de preproducción. Se hablaba de que Halle Berry no estaba de acuerdo con su participación como secundaria y amenazaba con no volver. Con un Oscar en mano y ante la perspectiva de estelarizar, no en una franquicia, sino en dos (Jinx, su personaje en Die Another Day, la más reciente aventura del 007, se convertiría en una saga independiente; en tanto que Catwoman tendría al menos un par de secuelas), la actriz demandaba una participación más importante y más tiempo en pantalla.

Pero el verdadero problema se generó cuando Bryan Singer aceptó dirigir Superman Returns para la Warner. Pese a que Singer se comprometió a regresar para dirigir esta tercera película una vez concluido el trabajo en Superman, los productores de la cinta prefirieron buscar a alguien más para tomar las riendas del proyecto. Tras analizar algunas opciones, el estudio decidió poner la película en manos del reconocido productor británico Matthew Vaughn (Lock Stock and Two Smoking Barrels y Snatch), quien debutara como director en el proyecto abandonado por Guy Ritchie, Layer Cake. Sin embargo, Vaughn, confrontado con la necedad corporativa de no mover la fecha anunciada de estreno a pesar de todos los retrasos en la preproducción y ante la perspectiva de tener que separarse de su familia por varios meses (está casado con la supermodelo Claudia Schieffer), prefirió abandonar el proyecto.

Sin un guión terminado y ante el cada vez menor tiempo para completar la película en los plazos determinados, el estudio buscó a algún director con menos pretenciones creativas y dispuesto a trabajar de acuerdo con las limitaciones e imposiciones del estudio. El elegido fue Brett Ratner, director de cintas como Rush Hour o Red Dragon, sellando así el fin de los X-Men como una saga inteligente y humana y preparándola para cerrar al más puro estilo Hollywoodense.

El elenco de las dos cintas previas regresó casi en su totalidad, con la excepción de Alan Cummings, y hubo algunas nuevas adiciones al mismo, siendo Kelsey Grammer, Vinnie Jones y Ben Foster las más notables. Cuando empezaron a aparecer los avances una cosa quedó clara. X-Men 3 no sería una película basada en el desarrollo de personajes, y el tema central de discriminación y la condición humana dejaría lugar a una superproducción llena de espectaculares escenas de acción dignas de todo blockbuster veraniego.

El guión se convirtió en un collage de varias versiones previas y los escritores tuvieron que trabajar para incorporar tres líneas argumentales dentro de la historia con un resultado bastante disparejo. Durante la primera mitad de la película hay demasiados diálogos y se introducen demasiados personajes, pero no hay desarrollo ni de los nuevos ni de los previamente establecidos, y la historia avanza a un ritmo decepcionantemente lento, en tanto que en la segunda mitad el ritmo se vuelve frenético y las secuencias de acción inundan la pantalla una tras otra encaminándose hacia un climax espectacular, el cual es lastimosamente diluido por los epilogos y la falta de consecuencias. Con una duración de poco más de una hora y cuarenta minutos, pareciera que mucho material relevante se quedó en el cuarto de edición.

Como ya es tradición, aquí no hago mención de puntos reveladores de la historia o su desarrollo. Además, intento ser lo más objetivo que me sea posible. Pueden leer comentarios y opiniones más personales en Get Out of my Head, donde si comento sucesos dentro de la historia y elementos del desenlace. Por lo pronto puedo afirmar que X-Men: The Last Stand es una película dirigida al público que disfruta de los estrenos veraniegos hollywoodenses. Palomera, entretenida, pero en el fondo vacia. Tal vez si no existiesen las dos películas anteriores sería más disfrutable, pues deja una sensación de oportunidades desperdiciadas.
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