domingo, julio 16

El Mundial ha muerto, larga vida al Mundial.

El Mundial de futbol vino y se fue sin mención alguna en este blog. Así que ahora, a una semana de que terminó, me gustaría dedicarle algunas líneas.

No soy un gran fanático del futbol. Ocasionalmente veo algún partido de la Liga Premier Inglesa (a mi parecer la de mejor nivel en el mundo) o de algún torneo internacional (Champions League, Eurocopa, Libertadores, etc.), pues es donde se juega con un mayor espíritu de competencia y no es tan común ver el aburrido juego especulativo que predomina en la mayoría de los torneos locales. Así que el Mundial es un torneo que suelo disfrutar.

Después del horrible "espectáculo" que resultó ser el Mundial 2002 las expectativas eran altas. Brasil presumía de tener su mejor equipo en mucho tiempo y sus estrellas eran uno de los principales atractivos de la campaña publicitaria "Joga Bonito" de conocida marca deportiva. Para los alemanes era una cuestión de orgullo, y varias selecciones (Inglaterra, Holanda, Argentina, Serbia, Ghana, etc.) parecían estar en su mejor momento, así que se esperaba un buen nivel de competencia y muchos goles.

La primera fase del torneo cumplió por el lado de los goles, pero el espectáculo no fue el esperado. Al iniciar los octavos de final y con ellos la definición en un sólo juego, los papeles se invirtieron: mejoró el nivel de juego pero los goles se volvieron más escasos. Y poco a poco se fue delineando cuales eran los equipos con verdaderas aspiraciones al título y cuales eran sólo una ilusión. Alemania avanzó a base de entrega y corazón, Italia recurrió a su mezquino juego de control con ocasionales chispazos de brillantez, Portugal mostró la mitad del talento y un cuarto de la espectacularidad que prometían, Inglaterra encontró a su peor enemigo sentado en el banquillo de director técnico, Brasil olvidó la magia en el set de televisión, y los veteranos franceses avanzaron apoyados por una afición que presentó una de las mantas más curiosas: "Allez Lez Vieux" (Adelante los Viejos).

El espectáculo en las tribunas a veces parecía ser más entretenido que los juegos. Vestuarios estrafalarios, peinados extraños, banderas convertidas en túnicas y celebridades e invitados especiales, todos fundidos en una extraña mezcla multicolor llena de cantos y gritos. Y como dejar de mencionar a Maradona y su séquito de fresones medio rebeldes completamente drogados.

El sueño alemán terminó cuando los italianos recordaron que sabían jugar futbol del mejor nivel, Portugal fue puesto en su lugar por el orden y disciplina de los franceses comandados por El Mago en su exhibición de despedida, y la mesa quedó puesta para una final entre dos de los equipos más tradicionales y conservadores del futbol mundial.

La final fue un juego poco espectacular en la primera mitad y más emotivo que emocionante en la segunda y el alargue. Contra todos los pronósticos los franceses parecían tener el control del partido de la mano de Zidane y de Henry, quien aparentemente se había guardado durante todo el torneo para la final. Anotaron primero pero los italianos lucharon para empatar. El juego fue ríspido y poco lúcido, pero cadaaproximación de gol fue emocionante. Zidane estuvo a punto de vestirse de héroe al minuto 104 de juego, pero Buffon lo impidió. Y el Mago acabó su carrera de la forma más triste y vergonzosa posible, pese a haber sido nombrado el mejor jugador del torneo.

Italia ganó el campeonato en tiros penales, pero su victoria fue empañada por los escándalos de apuestas y corrupción en su torneo local. Tres de los equipos con mayor tradición del futbol italiano no están más en la primera división y muchas de sus estrellas, varios de ellos campeones del mundo y uno de ellos subcampeón están en busca de un nuevo equipo. Sudáfrica se prepara para organizar el Mundial de 2010 con la exigencia de lograr una organización tan limpia y espectacular como la de los alemanes y la esperanza de albergar un espectáculo deportivo de buen nivel.

Se acabó la fiesta. Es hora de volver a cosas más serias. En México esperamos la definición de nuestro camino para los próximos seis años, y en La Hoguera invitamos a nuestros lectores a sonreir, pensar y reflexionar con nosotros. O a molestarse y mentarnos la madre cuando lo sientan apropiado o necesario. Lo único que prometemos es hacer nuestros silencios más cortos y menos frecuentes.
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