lunes, abril 18

Un poco de cinismo religioso...

Por razones de trabajo que no pienso detallar en este momento, este sábado tuve en mis manos por unos momentos un tomo de alguna edición ilustrada de "La Biblia para Niños", que presenta textos condensados y resumidos en una forma aparentemente ideada como auxiliar para quienes enseñan el Catecismo a los niños. Con algunos minutos de ocio y nada que hacer no aguante el morbo y leí uno de los textos. Se trataba de "Las Bodas de Caná", que es el episodio donde Jesús convierte el agua en vino. El caso es que apenas pude contener la risa al leerlo, muy probablemente por la elección de palabras usada en la redacción. Parafraseo libremente a continuación.

Jesús ordena a los sirvientes que llenen las vasijas hasta el borde y después saquen un poco de una de ellas para dársela a probar al organizador de la fiesta. Este prueba el agua, que para entonces ya es vino, bla, bla, bla, elogia las calidad del mismo, bla, bla, bla. "Los discípulos de Jesús, que también habían sido invitados, presenciaron esta demostración de su poder y desde entonces lo siguieron fielmente sin dudar jamás de él." No recuerdo si es correcto ubicar a sus discípulos en esa parte de la historia -si, recibí educación católica, no critico sin fundamentos-, pero independientemente de eso me pareció divertida la noción de que nadie dudara de él después de proveer alcohol ilimitado durante una fiesta. Tal vez los textos subsecuentes debieran ser algo como "¿Chupe gratis? ¡Gracias! ¿De quien dices que eres hijo? ¡Seguro! ¡Gran tipo!", y si tomamos en cuenta que las celebraciones judías duraban varios días, "¿Barra libre toda la semana todo el día? ¡Vas!".

¿Que más hace falta para convencer a un hombre de seguir ciegamente a otro?

Y después se me ocurrió otra idea. ¿Será esa la razón por la que durante las ceremonias religiosas los curas recalcan la importancia de que Dios sea el primer invitado a todas nuestras celebraciones?

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