martes, julio 26

Terrorismo, otra perspectiva

Alguna vez leí en un ensayo sobre Lautremont que la respuesta del débil frente al abuso es la violencia más cruel, la de los dientes y las uñas, la que rasga y busca no matar sino herir, lastimar y sangrar a quien lo ha oprimido, de esto trata el terrorismo, o al menos de eso debería tratarse el terrorismo, de contestar a la violencia con violencia, sangrando pero no matando.

La reciente ola de atentados terroristas en realidad es la continuación de algo que lleva al menos 50 años en el mundo, pero que debido a que han afectado a paises del primer mundo ahora si es deber del super policía del mundo combatir. España, Irlanda, Israel, Palestina, Líbano, Siria ya eran blancos de terroristas desde mucho antes del Septiembre 11, pero ahora si, los malvados deben ser sometidos a cualquier costo, incluso pasando por encima de las libertades civiles de todo el mundo.

Con todo esto, no creo que el terrorismo esté del todo mal, es la consecuencia de el abuso y/o exterminio sistemático en contra de culturas y/o razas llevado a cabo por otras culturas y/o razas que dominan económicamente y/o territorialmente.

No podemos simplificar el problema que representa el terrorismo llevándolo al rostro desencajado de dolor de un sobreviviente o la madre de un desaparecido en uno de los túneles, las más de 39 000 muertes de civiles en Iraq, o los campos de concentración de Palestinos en los territorios ocupados, o la ocupación Siria en Líbano que apenas ha terminado y de nuevo ha desatado una serie de atentados (el más reciente muy cerca de la embajada de México en Líbano), debemos aceptar el hecho de que el terrorismo es la manifestación de una malestar generalizado en el mundo, un síntoma que desafortunadamente ataca a quienes al final de todo son los menos culpables: los civiles.

Por supuesto que los actos de violencia deben ser censurados, pero deben de censurarse en ambos lados o de lo contrario corremos el peligro de simplificar la cuestión de forma y fondo tal y como se ha hecho hasta ahora. Los gobiernos que apoyaron la invasión a Iraq (léase: EE. UU., G. B., Italia, España) ya habían sufrido atentados terroristas de igual o mayor magnitud a los del Septiembre 11, con la diferencia de que todos estos atentados fueron causados desde el interior; curiosamente hasta que una de las familias que controla petróleo se ve involucrada a través de uno de sus miembros se decide que Afganistán e Iraq son peligrosos, pero creo que abundar sobre este tema es por demás innecesario.

Una de las consecuencias que los terroristas jamás han considerado es el poco respeto que los políticos y militares tienen por la vida de los civiles, mientras los blancos sean civiles las entidades de gobierno jamás atacarán el problema de fondo. Esa sería una solución verdadera, a un gobierno no le preocupa la vida de sus gobernados, mientras paguen impuestos lo demás sobra, esta es una verdad que mantengo como evidente.

Algo ha sido demostrado con esta campaña global en contra del terror:
1) El mundo no es un lugar más seguro una vez que los "enemigos" han sido retirados de los gobiernos que encabezaban;
2) cada vez el mundo se polariza más y más;
3) inocentes seguirán muriendo y los verdaderos causantes del terror siguen tranquilos.

Vaya esto para un inocente que murió por no detenerse, por tener un color de piel diferente, por vivir en el terror que la nación que le arrebató la vida creó, para todos aquellos que tienen que abandonar su patria para poder vivir dignamente, también para los que con su voto mantienen a homicidas que sólo necesitan una pluma para firmar el destino de cientos de miles de vidas, para los que creen que la violencia acaba con la violencia... por favor, sólo se necesita un disparo a la cabeza. Quizá cinco.
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