domingo, marzo 7

LA HOGUERA CONTRAATACA

La Hoguera está de vuelta y ahora en su nueva versión, corregida y aumentada, presenta una mayor variedad temática. Ahora trataré de no centrar tanto los textos en cine, sino abarcar toda clase de temas.

Hace un par de semanas cumplí treinta años. Este es un dato que a primera vista pudiese parecer trivial e insignificante, pero existe una razón para mencionarlo, ya que este acontecimiento bien podría marcar el inicio de una leve depresión o tal vez incluso de una prematura crisis existencial. A partir de ahora ya no puedo decir que tengo veintitantos. Ya no hay excusa que valga para quejarme cuando me dicen “señor”. De manera oficial se supone que he alcanzado una edad en que debo empezar a comportarme como un adulto serio y maduro. O al menos eso es lo que la sociedad podría esperar de mi.

La pregunta es, ¿debo cambiar radicalmente mi manera de ser sólo por mi edad? Creo que el cambio debe ser una constante. A veces siento que somos como tiburones, o te mueves o te hundes. Cambiar debe ser el estado natural de las cosas, pero no creo que los cambios radicales deban ser la pauta a seguir todo el tiempo. Después de todo, si cambiaramos de dirección 180° cada vez que sintieramos el impulso de hacerlo es obvio que nunca llegaríamos a ninguna parte. En cuanto a la costumbre prevaleciente de nuestra sociedad por marcar parámetros de conducta basados en la edad me parece algo tonto y arbitrario. Aquellos que me conocen saben bien que actuar de acuerdo a mi edad nunca ha sido precisamente una constante, y se que la mayoría de mis amigos comparten esta mentalidad.

Recientemente alguien cercano a mi familia me comentó que este era un buen momento para reflexionar sobre lo que quiero hacer con mi vida. A fin de cuentas, me dijo, a esta edad fue que Jesús dejó todo atrás para salir a cambiar al mundo. Tal vez tenga algo de razón, sobre todo respecto a pensar en el rumbo a seguir. Sin embargo creo que escogió el peor ejemplo posible. Sólo recuerda, le dije, que tan sólo tres años después de tomar esa decisión, Jesús tuvo una muerte violenta a consecuencia de sus acciones. Lo que me remite una vez más a mi pregunta. ¿Debo cambiar radicalmente mi manera de ser?

Yo creo que no. Pero si considero que es un momento oportuno para fijarme metas y pensar en diferentes formas de crecer y desarrollarme. Esa es una de las razones para convertir La Hoguera en un blog. No se si sea el momento propicio o la decisión más apropiada, pero se que necesitaba hacer algo para salir un poco de la monotonía de la lista de correo. La lista no será descontinuada, al menos en el futuro inmediato. Voy a mantener los posts en ambos medios al menos por un tiempo. Espero sus comentarios y opiniones al respecto.
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