domingo, marzo 14

CONGO

Le debo una disculpa a Michael Crichton.

Al menos en mi cabeza.

La primera vez que escuche su nombre debe haber sido en relación a la adaptación cinematográfica que Steven Spielberg estaba realizando de su best-seller Jurassic Park. Después de eso su nombre empezó a aparecer repetidamente asociado a otras películas. The Andromeda Strain, Congo, Sphere, Rising Sun, Disclosure, The Great Train Robbery, The Lost World y más recientemente Timeline, son algunas de sus novelas llevadas al cine, aunque lamentablemente la gran mayoría de ellas con resultados más bien mediocres y predecibles. Esto me llevó, erróneamente, a considerar que el problema estaba en el material de origen. Tonto de mi. Como si nunca hubiera podido comparar una película contra la novela en la cual se inspiró.

La verdad es que Crichton es un narrador consumado; su atención al detalle es impecable sin resultar obsesiva, y lo exhaustivo de su investigaciones referenciales es sólo rivalizado por el trabajo de Tom Clancy. Su trabajo está lleno de referencias documentales y datos técnicos que sustentan la especulación en que basa su ficción. Tal vez estaba yo padeciendo del sindrome del crítico literario, satanizando automáticamente a todo aquel escritor que se atreva a tener éxito en vida y a hacer una fortuna gracias a su trabajo. Irónico si tomamos en cuenta que siempre he sido defensor de la literatura de género.

Congo es uno de los ejemplos más claros de una mala traslación de novela a película, algo más bien común en Hollywood. Mientras que la película intenta vendernos una historia de una civilización de gorilas inteligentes que viven en secreto en medio de una región inexplorada de la jungla africana, la novela es un extraordinario relato sobre la ambición humana, tanto en términos económicos como egocéntricos. Karen Ross es uno de los científicos más jovenes en la corporación ERTS (Earth Resources Technology Services, Inc.) Cuando una expedición al Congo es brutalmente asesinada bajo extrañas circunstancias, Ross es encomendada con reunir un nuevo equipo y reanudar la expedición. Su objetivo: localizar un yacimiento de diamantes “imperfectos”, sin valor alguno como joyería pero invaluables en términos industriales. Peter Elliot es un primatólogo, cabeza del proyecto Amy en la Universidad de Berkeley. Su objeto de estudio es Amy, un gorila hembra que tiene un vocabulario de 620 palabras utilizando el lenguaje de signos. Ellos, junto con James Munro, un mercenario especializado en guiar expediciones al Congo, conforman un sui generis grupo de exploradores que se interna en la jungla buscando la mítica ciudad perdida de Zinj y sus minas de diamantes.

El ritmo incesante de la novela, las continuas referencias históricas, geopolíticas y científicas hacen de Congo una lectura fascinante, la cual tiene además el atractivo adicional de estar redactada como si se tratase de un recuento documental de una auténtica expedición realizada al Congo en 1979. Cabe señalar también que Congo fue, años antes de Gorillas in the Mist, uno de los principales medios para difundir los hallazgos científicos sobre gorilas, especie de la cual no se sabía absolutamente nada antes de la década de los ochenta. Altamente recomendada.
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