lunes, junio 11

Inventando el libro apropiadamente

En The Literary Platform realizaron un concurso de animación para acompañar una grabación realizada por Douglas Adams en 1993, en la cual el popular autor hablaba acerca de la evolución del libro hasta llegar al formato electrónico. Este fue el video ganador del concurso, revelado hace un par de semanas, en el marco de las celebraciones del Día de la Toalla. Se trata de una animación en stop motion realizada por Eleanor Stokes, una animadora sin entrenamiento formal.


Adams realizó la grabación de audio a petición de Bob Stein, quien era en esa época su editor en los Estados Unidos y quien estaba lanzando una plataforma de libros electrónicos conocidos como Voyager Expanded Books.

Me enteré de este concurso después de que había finalizado gracias a que en el popular blog de ciencia ficción io9 enlazaron a esta otra entrada del concurso, realizada por Gavin Edwards. Me parece que es un trabajo más simple, si, pero también más claro, aunque a final de cuentas fue juzgado como uno de los finalistas.

 
Getting the Book Invented from Gavin Edwards on Vimeo.


Pueden ver el resto de los videos participantes en este enlace.

Aquí está la transcripción de la grabación de Adams:
Getting the book invented properly has been a long, hard slog for mankind. Early attempts at it were dogged by hardware problems. The hardware was rock-based, which meant that it was heavy, cumbersome and, above all, very hard. Then, someone had a bright idea: let’s scrunch up a lot of trees, mash them into a nice pulp, flatten them out, dry them, write on them and then, I don’t know, roll them up or something. This was a terrific success, or at least a semi-terrific success. The scroll was much lighter, much softer and a little bit easier to handle. Clearly it was the ‘I don’t know, roll them up or something’ bit that needed some work.
New research brought a stunning new idea: why not cut up the rolls of paper, sew them up the middle and, I don’t know, stick ‘em between a couple of bits of board or something? This was the turning point. This new version of the book was fantastically easy to use; all you had to do, basically, was sit there. It really caught on. In fact, it caught on in such a big way that soon everybody was writing down virtually anything they could think of and putting it into books. Lots of them. Lots and lots of them. The whole business was getting out of control again.
So, back to rock-based technology. Someone had had a bright idea about what to do with silicon, which was ‘scrunch it up, flatten it out, do a horrendous amount of other stuff to it and then, I don’t know, stick it in a powerbook or something’. This was the crucial breakthrough. Now, however much people wrote, it could be turned into Voyager Expanded Books software and the powerbook could handle it. All the things anybody liked about previous types of books – pictures, text, scrolling, page turning – could be modelled in software and you could take as many books as you wanted, anywhere you liked.
Voyager Expanded Books: everything you liked about books, scrunched up into silicon or something. Voyager Expanded Books: getting the book invented properly.
Y aquí la traducción de un servidor:
La invención del libro de manera apropiada ha sido un largo y duro dolor de cabeza para la humanidad. Los primeros intentos tenían problemas de hardware. El hardware estaba basado en rocas, lo que quiere decir que eran pesados, incómodos y, sobre todo, muy duros. Entonces alguien tuvo una brillante idea: trituremos un montón de árboles, los molemos en una linda pulpa, los aplanamos, secamos, escribimos en ellos y después, no sé, enrollémolos o algo así. Esto fue un éxito fantástico, o casi. Los rollos eran mucho más ligeros, más suaves y fáciles de manejar. Obviamente la parte de 'no sé, enrollémolos o algo así' era la que necesitaba algo de trabajo.
Más investigación llevaron a una sorprendente nueva idea: ¿por qué no cortar los rollos de papel, coserlos por la mitad y, no sé, pegarlos entre dos pedazos de cartón o algo similar? Este fue el cambio definitorio. Esta nueva versión del libro era fantásticamente fácil de usar; todo lo que tenías que hacer básicamente, era sentarte a leer. Realmente funcionó. De hecho, funcionó de tal manera que pronto todo mundo estaba escribiendo virtualmente cualquier cosa que se les ocurría y poniéndolo en libros. Muchos libros. Muchísimos libros. Y todo el asunto se estaba saliendo de control otra vez.
Así que, de vuelta a la tecnología basada en rocas. Alguien había tenido una brillante idea de que hacer con el silicio, que era molerlo, aplanarlo, hacerle una horrenda cantidad de cosas más para entonces, no sé, ponerlo en una powerbook o algo así. Este fue el desarrollo crucial. Ahora, sin importar que tanto escribiese la gente, podía ser convertido en software como el de los Voyager Expanded Books para ser manejados por la powerbook. Todo lo que a todo mundo gustaba de las clases anteriores de libros -imágenes, texto, cambiar de páginas- podía ser modelado en el software y uno podía llevar tantos libros como quisiese a cualquier parte.
Voyager Expanded Books: todo lo que te gusta de los libros, machacado en silicio, o algo así. Voyager Expanded Books: consiguiendo inventar el libro apropiadamente.
Veinte años más tarde, parece ser que Adams tenía la razón.
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