martes, mayo 26

Violencia y videojuegos

Los videojuegos son desde hace varios años uno de los principales blancos de censores y grupos de padres de familia preocupados por las "enseñanzas morales" que esta forma de entretenimiento deja en los niños y jóvenes, pero algo que siempre he encontrado curioso es lo selectivos que pueden ser estos paladines del buen gusto y las buenas costumbres para elegir los objetivos a censurar y criticar. Los videojuegos, como casi cualquier otra forma de entretenimiento, utilizan la violencia como herramienta narrativa, siendo populares toda clase de títulos donde exista un conflicto, ya sea entre el bien y el mal, o simplemente entre dos partes discordantes.

Aparentemente no tienen ningún problema con la violencia existente en las viejas series animadas, en películas, o incluso en videojuegos antiguos, pues suelen concentrar sus energías en videojuegos de última generación, donde los gráficos son tan detallados y "realistas", que la violencia es tan gráfica que resulta casi como si uno estuviese viendo las noticias. Lo cual me parece ridículo, pues sigue siendo bastante obvio que se trata de una animación. El nivel de abstracción de las imágenes puede ser diferente, pero en el fondo son lo mismo. Aparentemente no soy el único que piensa así, como puede constatarse al ver las siguientes imágenes.

Forman parte de una serie titulada 8-bit Fatality en Flickr, obra de TastyPaints.com (dando click en el enlace pueden ver estas y otras ilustraciones en un tamaño más grande), y la idea parece ser la misma que expresaba algunas líneas más arriba: la violencia no está en la forma, si no en el fondo.

A veces creo que ese irracional temor hacia lo que los videojuegos (o la TV, o el cine, o el internet) enseñan a los niños, tiene que ver más con la inseguridad de padres que dedican poca atención a sus hijos, que con un peligro real. Si estos medios de entretenimiento no fuesen tan socorridos para hacer las veces de tutor, niñera o compañero de juegos, su influencia no podría nunca ser tan grande. Y aún concediendo que representasen algún riesgo para un correcto desarrollo psicológico y moral, creo que un niño que ha sido bien criado por sus padres debiera ser perfectamente capaz de distinguir ficción de realidad y actuar acorde a su formación. Pero eso puede que sea solo mi opinión.
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