martes, octubre 9

El dedo de Galileo

Reconocido como uno de los padres de la ciencia moderna, Galileo Galilei (1564-1642) siempre será recordado por haber sido protagonista de uno de los primeros desencuentros entre ciencia y religión, y el juicio al que lo sometió la Santa Inquisición en 1633 permanece como uno de los más claros ejemplos de la cerrazón que ha caracterizado a la Iglesia Católica a lo largo de los siglos. Acusado de herejía por atreverse a afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al contrario, Galileo pasó los últimos años de su vida bajo arresto domiciliario, tiempo que aprovechó para registrar por escrito su trabajo de décadas atrás, sentando las bases, entre otras cosas, para el estudio de la cinemática.

Inventor del termómetro y del reloj de péndulo, Galileo también contribuyó a perfeccionar el telescopio y el microscopio, además de sentar las bases de la física moderna al proclamar el principio básico de relatividad, mismo que serviría como base a las Leyes del Movimiento de Newton y a la Teoría General de la Relatividad de Einstein.

Mucho menos conocido que sus logros y aportaciones al desarrollo científico y tecnológico de la humanidad, o que su famosa frase "Y sin embargo se mueve", es el hecho de que una parte de su cuerpo se encuentra en exhibición en el Istituto e Museo di Storia della Scienza, en Florencia, Italia. Se trata del dedo medio de su mano derecha, el cual se encuentra dentro de una urna de cristal en forma de huevo que descansa sobre un pedestal cilíndrico de mármol, en el cual se encuentra grabada la siguiente inscripción de unos versos de Tomasso Perelli (1704-1783) escritos específicamente para estar presentes con el dedo durante su exhibición pública:

"Leipsiana ne spernas digiti, quo dextera coeli
Mensa vias, numquam visos mortalibus orbes
Mostravit, parvo fragilis molimine vitri
Ausa prior facinus, cui non Titania quondam
Sufficit pubes congestis montibus altis
Nequidquam superas sonata ascendere in arces."

[Este es el dedo perteneciente a la ilustre mano que recorrió los cielos, señalando a la inmensidad del espacio y apuntando a nuevas estrellas, ofreciendo a los sentidos un maravilloso artefacto de cristales trabajados con un sabio atrevimiento para poder llegar más lejos de lo que Encelado o Tifón pudieron jamás llegar.]

El dedo fue separado de los restos de Galileo el 12 de marzo de 1737 por Anton Francesco Gori, literato y anticuario florentino, cuando éstos fueron trasladados de la cripta familiar, cercana a la capilla de San Cosme y San Damián, al monumental mausoleo construido por Vincenzo Viviani en la Iglesia de Santa Croce. El dedo fue posteriormente adquirido por Angelo M. Bandini, bibliotecario responsable de la Biblioteca Laurenziana, donde permaneció en exhibición por largo tiempo. En 1841 fue trasladado a la Tribuna di Galileo, recién inagurada en el Museo di Fisica e Storia Naturale, en la Vía Romana.

Eventualmente pasó a ser propiedad de el Museo di Storia della Scienza, donde aún se encuentra en exhibición.

En lo personal encuentro peculiarmente simbólico que se tratara del dedo medio y haya estado durante décadas en la vía Romana. Tal vez podría tomarse como un último y póstumo gesto de desafío a sus vecinos, la alta jerarquía de la Iglesia Católica, quienes después de las vejaciones y humillación perpetrados en su contra terminaron por aceptar su error y reconocer el genio del científico florentino, retirando en el siglo XVIII todas las prohibiciones y censuras respecto a la difusión de sus obras.
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