jueves, octubre 6

Necedades Meteorológicas

Hace unos días apareció un meteorólogo de nombre Scott Stevens afirmando que Katrina, el devastador Huracán que arrasó los estados norteamericanos de Louisiana y Mississipi, no fue un fenómeno natural, sino que se trató de un ataque utilizando una máquina para manipular el clima creada por científicos soviéticos durante la Guerra Fría.

Según Stevens, tras la caída del bloque socialista la máquina fue vendida a miembros de la Yakuza, la mafia japonesa, y habría sido esta organización la responsable de lanzar este ataque sobre la costa Este de los Estados Unidos como una forma de tomar venganza por los ataques a Hiroshima y Nagasaki en 1945. Todo claro, con el apoyo y complicidad de ciertos grupos de poder estadounidenses que se verían beneficiados con el caos y destrucción resultantes. De acuerdo con sus teorías, explicadas en su página web, los rusos fabricaron generadores electromagnéticos capaces de crear y manipular vientos en la atmósfera, los cuales pueden usarse para crear tormentas y huracanes y usarlos como armas. Incluso cita al presidente de su país, George W. Bush, quien tras contemplar la destrucción causada por el huracán comentó, "es como si toda la costa hubiera sido destruída por la peor clase de arma imaginable". Stevens cree que hay una gran verdad tras las palabras de Bush.

Stevens, quien hasta hace unos días era el encargado del pronóstico del clima en una televisora de Idaho, ofrece otros argumentos. La principal evidencia es bastante obvia: Katrina es un nombre de origen ruso. Esto no puede ser una simple casualidad. Cabe recordar que el último huracán que causó fuertes destrozos y pérdidas en alguna costa de nuestro vecino del norte fue Iván, otro meteoro con apelativo ruso, el cual azotó las costas de la Florida en Septiembre de 2004. Las cosas no podrían ser más claras. Además, Stevens advierte que esta misma arma será utilizada en más ciudades norteamericanas en un futuro cercano, razón por la cual hace un llamado a las autoridades de su país para prevenir estos ataques.

Ojalá que las autoridades norteamericanas se decidan a lanzar una investigación para aclarar los posibles lazos entre Halliburton, el principal contractor en las obras de reconstrucción, y la Yakuza. Espero también que Stevens reciba el reconocimiento adecuado por su valiosa aportación a las investigaciones. Y si no es así, al menos algún productor en Hollywood (Joel Silver o Jerry Bruckheimer favorecen su perfil) debiera reconocer en Stevens el potencial para crear épicas sensacionalistas. Tal vez podría incluso ayudar a rescatar la carrera de Michael Bay.
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