jueves, julio 21

La Guerra de los Mundos

Una historia de H. G. Wells, adaptada por David Koepp, dirigida por Steven Spielberg con fotografía de Janusz Kaminski y protagonizada por Tom Cruise... no había forma de fallar, ¿cierto? Pues de algún modo lo hicieron. War of the Worlds no es una mala película, pero es dolorosamente obvio que pudo haber sido buena. Justo como los más recientes acercamientos de Spielberg a la Ciencia Ficción, A.I. y Minority Report.

Vagamente basada en la novela del mismo nombre de H.G. Wells, en War of the Worlds la historia es trasladada al presente y a los Estados Unidos. Esto es razón suficiente para que los puristas de la Ciencia Ficción detesten de inmediato la sola existencia de la película, pero la situación es hábilmente adaptada y aprovecha la de sobra conocida paranoia de los norteamericanos para apuntalar la historia. Durante la primera mitad de la película Spielberg hace gala de su experiencia retratando situaciones donde la condición humana sea fundamental para la narrativa y la fotografía de Kaminski le ayuda a construir un desolador ambiente de destrucción mientras se desenvuelve la aparente invasión.

Los efectos especiales son impresionantes, particularmente el audio, que aprovecha los avances técnicos para provocar que los estremecimientos de la tierra en la pantalla sean fielmente trasladados a las salas de cine. Spielberg y los diseñadores de producción apuestan por una mezcla entre los elementos retro de la versión cinematográfica de 1953 y diseños más actuales, y la mayor parte del tiempo salen bien librados. La habilidad de Spielberg para dirigir actores queda de manifiesto en la facilidad para retratar el terror entre la población que se ve confrontada por la amenaza extraterrestre.

Las diferencias entre película y novela no son sólo las antes mencionadas. Algunos de los cambios son necesarios si tomamos en cuenta que la novela de Wells tiene más de cien años de haber sido escrita y algunos elementos simplemente no funcionarían en una versión contemporánea. Sin embargo, la principal diferencia se da en el protagonista. Mientras en la novela se da a entender que se trata de un respetable miembro de su comunidad, joven, casado y aún sin hijos; en la película conocemos a Ray Ferrier, operador de una grua de carga, divorciado, padre de dos hijos y, claramente expuesto durante los primeros quince minutos, un perfecto imbécil. Egoísta, descuidado e irresponsable, Ray es lo que comunmente llamamos un perdedor.

Pero es precisamente la situación de Ray la que permite a Spielberg jugar con su especialidad: las relaciones interpersonales y las emociones y sentimientos de una familia. La tensión entre Ray y sus hijos ayuda a que la historia no se sienta estática y permite a la audiencia identificarse con personajes humanos. El problema es que Spielberg abusa de este recurso y consigue desgastar la humanidad de sus personajes hacia mitad de la cinta. A partir de ese momento la narrativa de Spielberg se mimetiza con la situación de sus personajes y empieza a moverse de manera incierta y sin rumbo.

Pero el problema más grande es Ray. Después de que aprendimos más a sentir lástima por él y quizás a despreciarlo un poco, Spielberg parece decidido a convertirlo en un genio y lo más cercano a un héroe que veremos en esta cinta. De buenas a primeras descubrimos que Ray es un genio, que es capaz de mantener la cabeza fría y hallar la solución para cualquier problema. Capaz de notar los pequeños detalles que a todo mundo escapan y de reaccionar más rápido que nadie. De pronto se convierte en la persona que todo mundo quisiera tener al lado en un momento de crisis. Sin dejar de ser un patán con su hijo, claro. Lo que nos lleva al otro gran problema de la cinta. En su afán por mantener presente la condición humana del filme, Spielberg abusa en su retrato de la relación padre-hijo. Y eventualmente eso lo lleva a terminar la cinta con un "momento Spielberg".

Comentando la película con Santiago, me hizo notar otro detalle. No hay héroes. Y esto es algo indispensable en toda película de desastre. Para que la gravedad de la situación sea apropiadamente proyectada a la audiencia es necesario mostrar algunos actos de sacrificio personal por el bien de los demás, pero War of the Worlds carece de ellos. Se puede argumentar que se evitó caer en el cliché, pero tratándose de una película de Spielberg el argumento es insostenible. Y llegamos otra vez al final Spielberg. Un final feliz pero sin moraleja o justificación.

Escuché en el radio una teoría respecto a los finales de Spielberg. Lamentablemente no recuerdo el nombre del autor de esta teoría, aunque sé que trabaja en la Cineteca Nacional y que comenta sobre cine en Reactor 105 (105.7 FM en la Cd. de México) los viernes por la mañana. Postula que Spielberg es un pesimista de closet. Por ello es capaz de mostrar historias crudas o jugar con las emociones de su audiencia. Pero al enfrentar su obra decide que no contiene un mensaje que él esté listo para mostrar, así que cierra cada película con un final feliz, no importa que tan forzado sea éste. Y me parece que su teoría puede ser acertada. O cuando menos nos proporciona una buena explicación para los inexplicables descarrilamientos de las películas de Spielberg.

War of the Worlds es, a pesar de todo, una rescatable película en la filmografía reciente de Spielberg. Entretenida y técnicamente bien realizada. O como a mi me gusta decir: entretenimiento 100% Hollywood. Con todo lo bueno y malo que ello implica.
Se produjo un error en este gadget.