martes, diciembre 21

Deporte Profesional y Equidad de Géneros

La semana pasada se divulgó en diversos medios noticiosos tanto deportivos como de información general una noticia que generó gran cantidad de reacciones encontradas. La directiva del equipo de futbol soccer profesional Atletico Celaya, que actualmente compite en la Primera Division "A" del futbol mexicano, anunció la contratación de la delantera de la selección femenil mexicana Maribel Domínguez como nuevo refuerzo del equipo para la próxima temporada.

Esto obviamente generó toda clase de comentarios de apoyo, críticas y cuestionamientos de diferentes sectores de la sociedad. Sin embargo, todo acabó este domingo cuando la FIFA negó la autorización para que la jugadora se convirtiera en la primera futbolista profesional en participar en alguna liga profesional varonil. FIFA argumenta que para eso existen ligas femeniles en diversas partes del mundo, así como se disputa un campeonato mundial femenil. ¿O sería justo que Jared Borgetti o Cuauhtémoc Blanco pudiesen solicitar una oportunidad para ser el centro delantero titular de la selección femenil?

La respuesta de FIFA realmente no fue una sorpresa para nadie. Un par de días antes, una comisión médica del mismo organismo había informado que sus estudios indicaban que la desventajas físicas que enfrentaría una mujer jugando entre hombres serían demasiado grandes. Y es de entenderse. Sólo el tamaño y peso pueden representar una enorme ventaja en muchos aspectos del juego, además de que también hay que tomar en cuenta la diferencia de potencia física entre ambos sexos. Ganas, sabemos, no le faltan. ¿Pero sería eso suficiente para permitirle superar en un sprint a un defensor contrario? ¿O para ganarle algún balón por alto a un defensa 20 ó 30 cm. más alto y 20 ó 30 kg. más pesado? Lo dudo. Y eso sin tomar en cuenta el riesgo de sufrir una lesión de seriedad en alguna jugada de fuerte contacto físico, las cuales no son extrañas en el futbol y menos en la posición de delantero.

Las reacciones a esta negativa no se hicieron esperar. Diputadas perredistas alegan que se trata de una muestra de machismo y misoginia de parte de la FIFA y alegan que se debe formar un grupo activista para presionar a la Federación, o bien que es necesario promover la creación de una liga femenil profesional donde las mujeres tengan acceso a una promoción y remuneración económica similar a la percibida por los hombres. Y en todos los casos están equivocadas.

El deporte en general alrededor del mundo parte de un principio de equidad competitiva. Esa es la razón por la que existen divisiones o categorias, para asegurar que la competencia sea lo más justa posible. ¿Acaso no sería ridículo ver a un boxeador peso mosca disputarle el titulo del mundo a alguien del tamaño de Mike Tyson o Evander Hollyfield? ¿Y que hay del atletismo? Los mejores tiempos de Ana Gabriela Guevara no le darían ninguna oportunidad compitiendo con Alejandro Cárdenas, mucho menos ante corredores de primer nivel.

En el tenis se dio un caso tangencialmente relacionado. Venus y Serena Williams demandaban igualdad con los varones, pero sólo en el aspecto económico. Exigían que se igualara el monto de las bolsas para hombres y mujeres en los torneos más importantes del mundo alegando que el espectáculo ofrecido era del mismo nivel. Tal vez se habían olvidado -o se negaban a darse cuenta- de que el espectáculo podía ser similar en calidad más no en duración, ya que los hombres juegan de tres a cinco sets mientras que las mujeres solamente de dos a tres, y olvidándose también de la ley de la oferta y la demanda. La gran mayoría de los deportes profesionales dependen económicamente hablando de los patrocinadores y de la comercialización de los eventos. Las Williams parecían asumir que verlas jugar por televisión resultaba igualmente atractivo para el espectador que ver un encuentro varonil. O que la transmisión duraría lo suficiente como para contener una cantidad de anuncios comerciales similar a los incluídos durante un partido de la rama varonil. Y ese es el mismo problema que enfrentaría una liga femenil profesional de futbol. Tendría que haber empresarios dispuestos a invertir en semejante proyecto y se necesitaría generar interés en patrocinadores y anunciantes. Del mismo modo habría que asegurar una audiencia que pudiese hacer rentable el involucramiento de las televisoras. Y eso, en un país tradicionalmente machista, no es nada fácil.

En fin. Este comentario tiene como único fin exponer un punto de vista, razón por la cual espero no sea tomado como misógino o machista por cualquier mujer que pudiese sentirse menospreciada por las ideas aquí expuestas. En cuanto al tema de la igualdad, siempre he pensado que no debe interpretarse de manera literal, pero eso es otro tema y tal vez merecería ser tratado a fondo de manera independiente.
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