jueves, septiembre 30

La Ciudad de la Desesperanza

Me encanta la Ciudad de México: se puede encontrar de todo en ella: hay excelentes lugares para comer y sitios muy interesantes para visitar. En muchos aspectos es una ciudad llena de historia y cultura, además de que tiene un clima particularmente agradable, al menos para mí.

Sin embargo, la Ciudad de México es vista desde fuera -provincia o extranjero- como una ciudad horrible: una megalópolis sin pies ni cabeza llena de inseguridad, de violencia, de marchas y mítines políticos, y sus habitantes chilangos son percibidos como gente neurótica, tranza y con complejos infundados de superioridad (y además, feos).

Ambas partes son ciertas. El D.F. no es una Utopía, pero tampoco es un circulo del Infierno como muchos la quieren ver. Hay cosas buenas y cosas malas como en cualquier otro lado. Hoy voy a escribir sobre una de las cosas que a mí no me gustan de la ciudad.

Particularmente, me molesta la actitud de la gente en la vía pública.

Una breve caminata en una de las avenidas principales (los dichosos "Ejes Viales") revelará que en la Ciudad de México los peatones cruzan las calles por donde sea, haya o no haya puente peatonal, que tiran basura en la calle aunque tengan un bote de basura a un lado o que solicitan el servicio de microbuses o taxis en cualquier lugar sin importarles el tráfico o los semáforos.

Las personas que tienen coche son más especiales todavía: tiene como prácticas comunes estacionarse en doble fila o en zona prohibida (tal vez crean que las luces intermitentes los vuelven intangibles o los desfasan de la realidad), dar vuelta desde el tercer carril, circular en sentido contrario en calles secundarias, estacionarse en zonas peatonales o en las rampas para personas discapacitadas, pasarse las luces preventivas o de alto de los semáforos, y por supuesto, hablar por el celular y fumar mientras manejan, y tirar basura a la calle. Como comentaba Beto hace poco, muchos chilangos -aunque no todos, cierto- carecen de las mínimas nociones de cultura cívica. Basta estar manejando por 10 minutos para ponerse de mal humor con el Mundo.

¿Pero esto es culpa exclusivamente de la gente? El gobierno de la Ciudad (¡Hey, Peje!) no hace nada para mitigar el caos vial que sufre la Ciudad. La policía de transito no hace nada para quitar microbuses o taxis en doble fila, y en los cruces parece que le echan aire a los coches con la mano (¡avance, avance!). Mucha gente circula sin licencia, aunque las delegaciones las entreguen a cualquiera que vaya a pedirla aunque no sepa manejar. Los semáforos son un festival de colores perfectamente sincronizado (uno verde, otro rojo; uno verde, otro rojo...). La Ciudad de México es la población más grande del mundo y es prácticamente imposible desplazarse de un lado a otro sin coche, por más "distribuidores" y "segundos pisos" que se construyan.

Estoy firmemente convencido de que muchos de los problemas que aquejan a la Ciudad podrían resolverse solos si la vialidad mejorara. ¿Es tan difícil controlar los taxis y microbuses piratas? ¿No sería más sencillo y rentable para la Ciudad construir estacionamientos públicos en lugar de segundos pisos? ¿Qué tan caro es contratar expertos para la sincronización de los semáforos? ¿Por qué no se ejercen las multas a las personas mal estacionadas o las llamadas de atención a los transeútes infractores?

Es triste, pero si las calles y avenidas del D.F. son son sus arterias y venas, entonces la Ciudad es un viejo enfermo de esclerosis múltiple crónica. No es de extrañar que todo el tiempo esté de malas.
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