jueves, junio 10

AUTORITARISMO, THE AMERICAN WAY

En el blog de Neil Gaiman me encontré con otro ejemplo de las políticas de cerrazón e intolerancia que caracterizan al gobierno del presidente Bush.

Resulta ser que los periodistas y corresponsales de todo el mundo necesitan un permiso especial para poder ingresar a los Estados Unidos. Esta visa especial es conocida como I-visa y había dejado de utilizarse desde 1952 pero fue reactivada el año pasado como parte de los cambios en la legislación para el ingreso de extranjeros a territorio estadounidense. Elena Lappin, periodista independiente en misión para periódico británico The Guardian, pasó 26 horas esperando su deportación tras haber sido detenida en el aeropuerto internacional de Los Angeles por no haber tramitado su I-visa. Aquí está su recuento del incidente.

Elena pasó la noche en un centro de detención para inmigrantes ilegales ubicado en el centro de la ciudad. Fue trasladada ahi desde el aeropuerto con las manos esposadas. Su celda era un pequeño cuarto sin cama, sillas o mobiliario alguno exceptuando un par de bancas de metal de 30 cm de ancho en las cuales afirma es imposible dormir. El único otro componente de la habitación, además de dichas bancas, era un inodoro expuesto a la vista de quienquiera que pasase frente a la celda, la cual tenía un muro frontal de cristal y una cámara de seguridad. En una esquina había además una televisión, permanentemente sintonizada en un canal de ventas por televisión.

De notar algunos puntos en la nota es el hecho de que el año pasado fueron detenidos y deportados trece periodistas de diferentes partes del mundo, doce de ellos del aeropuerto de Los Angeles. Uno de los oficiales que la detuvieron echó en cara a Elena el portar un pasaporte británico pese a aceptar haber nacido en Moscú. En su artículo Elena remarca que el oficial no parecía haber notado que el gobernador de California afirmaba ser americano aún a pesar de haber nacido en Austria. También es importante señalar que Elena intentó dialogar con las autoridades, quienes no hicieron caso de ninguno de sus argumentos, entre los que destacan el estar casada con un ciudadano estadounidense, haber residido de manera oficial durante algún tiempo en los Estados Unidos o el ser madre de una niña nacida en territorio norteamericano.

Organizaciones como Reporters without Borders (Reporteros sin Fronteras) y la American Society of Newspaper Editors (Sociedad Americana de Editores de Periódicos) tomaron nota del caso, afirmando que el incidente parece ser parte de una campaña de hostigamiento e intimidación hacia los medios extranjeros por parte del gobierno norteamericano, ya que los reporteros afectados provienen en su mayoría de los 27 países con los que existe un acuerdo migratorio que permite a residentes de dichos países (excepto a los reporteros, claro) visitar los Estados Unidos hasta por 90 días sin necesidad de tramitar una visa. “Nuestros enemigos se han convertido en algo más importante que nuestros amigos... La obsesión [de nuestras autoridades] con la seguridad doméstica parece estar basada en gran medida en la noción de que el mundo está de algún modo infectando a los Estados Unidos”, indicó Dennys Roddy, columnista del Pittsburgh Post-Gazette.

Y esto pasa en “el país más libre del mundo”. Yeah, right.
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