domingo, mayo 23

FUTBOL EN MEXICO ¿MAS QUE UN JUEGO?

Hace algunos días se presentó un lamentable incidente en el Estadio Azteca.
Durante un partido correspondiente a los octavos de final de la Copa Libertadores entre el América, de México, y el Sao Caetano, de Brasil, Cuauhtemoc Blanco, delantero del América, dió un artero codazo en el rostro a un jugador brasileño, por lo que fue expulsado. El asunto es que la cosa no quedó ahí, ya que al final del partido, mismo que terminó empatado y como consecuencia con el América eliminado del mencionado torneo, los jugadores brasileños se reunieron en el centro de la cancha para celebrar su calificación a la siguiente ronda. Aparentemente esta celebración fue interpretada por algunos americanistas, tanto aficionados como jugadores y cuerpo técnico, como una burla hacia su vencido rival. Y entonces fue cuando se suscitó el problema. Blanco, quien nunca se retiró a los vestidores como se suponía debía haber hecho, regresó a la cancha y se hizo de palabras con el portero y un utilero del Sao Caetano; pronto el intercambio de insultos fue subiendo de tono hasta llegar a los golpes y propagándose hasta convertirse en una batalla campal entre los jugadores y staff de ambos equipos.

Pero lo realmente grave fue la participación del público en la reyerta, ya que apenas iniciada la bronca empezaron a arrojar toda clase de objetos a la cancha e incluso algunas personas lograron derribar parte del enrejado y entrar a perseguir armados con tubos y palos a los jugadores brasileños, quienes rápidamente abandonaron la cancha. Entre los objetos arrojados había de todo: vasos, basura, armas de fabricación casera y, por ridículo que suene, carretillas.

Y todo por un simple juego.

Un par de días después escuché un comentario deAlfredo Domínguez Muro, experimentado comentarista deportivo, haciendo alusión a lo que él llamaba una necedad de parte de los comentaristas de Televisa, a quienes acusó de tratar de minimizar la importancia del futbol soccer para algunos sectores de nuestra sociedad. “Es sólo un juego”, dicen ellos. Afirma que cuando él trabajó para dicha empresa siempre estuvo en contra de que se subestimara de tal forma lo que él siempre ha considerado un fenómeno social. Y yo coincido con él. En México, al igual que en muchos otros países de nuestro continente, el futbol es mucho más que un juego. Para cientos de miles de personas representa un acto de escapismo, una forma de evadir su realidad. ¿De que otro modo se podría explicar las multitudes que se reúnen en el Angel de la Independencia a celebrar cada victoria de la Selección Nacional? ¿O a las decenas de gente que se presentan en el aeropuerto para manifestar en persona su desagrado por algún mal resultado obtenido en el extranjero? Y en algunos casos este escapismo alcanza niveles de auténtico fanatismo, y los ejemplos abundan. Hace algunos años, durante el Mundial de Estados Unidos en 1994, Andrés Escobar, un defensa de la Selección de Colombia, anotó un autogol que tuvo como consecuencia la eliminación de su equipo de dicha competencia. Algunos días después, ya de regreso en su país, fue asesinado por un aficionado que no le perdonó la eliminación de su selección. En Europa son bien conocidos los enfrentamientos entre los aficionados de diferentes equipos. Estos “hooligans”, como se les conoce, acostumbraban ocasionar toda clase de destrozos dentro y fuera de los estadios hace algunos años, hasta que las autoridades de esos países -Gran Bretaña, Alemania y Holanda, principalmente- tomaron las medidas adecuadas para controlar a estos grupos. Y en Sudamérica ocurre algo muy similar, ya que los enfrentamientos entre las diferentes “barras” es algo muy común.

En el caso de México existen algunos agravantes. Las primeras “barras” surgidas en nuestro país fueron formadas a petición de los directivos de algunos equipos, quienes incluso se dieron a la tarea de contratar gente de Argentina y otros países sudamericanos para que se encargasen de organizar estos grupos. No todas las barras son violentas, pero es evidente que hay algunas que ya han crecido más allá de toda posibilidad de control por parte de las directivas que las crearon. Los más claros ejemplos de barras sin control son la “Monumental”, del América, y la “Rebel” de los Pumas de la UNAM. En el caso de la Monumental es importante señalar que siempre se ha dicho que se trataba de una barra pagada, ya que era normal verlos acompañando a su equipo en diferentes estadios sudamericanos o en los Estados Unidos. Y digo “era” porque a raiz del incidente en el Estadio Azteca, Javier Pérez-Teuffer, presidente del América, anunció la disolución de la barra. ¿Y cómo podría él disolverla si no fuera suya? Sin embargo también anunció que se creará otro grupo de apoyo, pero esta vez con credenciales y mecanismos de control. Habrá que ver si realmente es posible detener la creciente violencia en las gradas de los estadios nacionales.

Y ojalá que la gente en medios tome conciencia de la importancia de este juego para las masas. No en balde algún periodista bautizó hace un par de décadas al futbol en nuestro país como “El Opio del Pueblo”.
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