domingo, julio 6

The Last Castle

The Last Castle (El Ultimo Castillo)
E.E. U.U., 2001
Director: Rod Lurie
Guión: David Scarpa
Protagonistas: Robert Redford y James Gandolfini

Y ya que estamos hablando de películas no necesariamente nuevas, ayer también pude ver una vez más The Last Castle. Esta cinta cuenta la historia de el General Eugene Irwin (Redford), quien tras una corte marcial es enviado a una prisión militar conocida como “El Castillo”. James Gandolfini interpreta al Coronel Winter, oficial al mando de dicha prisión. La condición de héroe de guerra de Irwin le da un trato privilegiado al comienzo de la película, situación que cambia rápidamente en cuanto se empiezan a evidenciar las diferencias éticas e ideológicas entre ambos personajes.

Winter parece estar obsesionado con la disciplina y el control, en tanto que Irwin valora el espíritu humano por sobre todas las cosas. Conforme se va desarrollando la trama descubrimos que en realidad Winter es una persona enferma de poder, del cual abusa cada vez que le es posible. Por momentos parece que su única motivación en la vida es poder mostrarle a los demás quien está al mando. Aquí es de destacar la sobresaliente actuación de Gandolfini, quien logra crear a un personaje creíble y duro. Se trata de un hombre que se sabe con poder, que disfruta usándolo y abusándolo y no lo piensa dos veces para hacer a un lado a quien quiera que se interponga entre él y lo que quiere. Y sin embargo, en ningún momento se parece a Tony Soprano.

Por su parte Irwin es un veterano de guerra, encerrado por haber desobedecido una orden directa, acción que causó la muerte de ocho soldados. Viejo y cansado sólo quiere cumplir con su condena y retirarse a convivir con su familia por el resto de sus días, pero las acciones de Winter provocan que decida encabezar una última misión: Derrocar al tirano dictador de este “castillo”.

La película tiene un sólo problema pero es uno muy importante. El guión. La trama avanza a tropezones y se siente falta de ritmo y algunos de los diálogos de los personajes principales están plagados de clichés. Por momentos parece que la trama se desarrollara basada en una partida de ajedrez, pero en unos cuantos minutos resulta evidente que la idea no fue de todo integrada al guión, por lo cual el espectador es quien tiene que ir adivinando los movimientos en el imaginario tablero. Esto es seguramente debido a la inexperiencia del escritor, ya que este es su primer trabajo en ser producido. El personaje que más sufre a causa de los diálogos acartonados es el del General Irwin, ya que la forma de alentar la moral de sus “tropas” es a partir de alimentar su autoestima a fin de sacar al soldado y patriota que llevan dentro. Afortunadamente para la cinta esta situación es compensada por Redford, quien aún cuando no da una de sus mejores actuaciones hace uso de su carisma y presencia de cámara para cumplir decorosamente con su rol. Delroy Lindo tiene una breve aparición pero es suficiente para dejar constancia, una vez más, de su gran calidad como actor, particularmente si se trata de representar a una figura de autoridad.

Rod Lurie realiza un trabajo decente pero por mucho inferior al de su anterior filme, The Contender (2000). En general la película resulta bastante entretenida, especialmente si uno está dispuesto a dejar pasar un par de incongruencias que se presentan durante el motín que culminará con la toma de la prisión. Lamentablemente el exceso de pseudo patriotismo descarado interfiere con la película en muchos aspectos, pero tomando en cuenta los eventos de los meses anteriores uno no puede culpar a Lurie, de origen israelí, por tratar de cubrirse las espaldas al mismo tiempo que busca ganarse la simpatía de su audiencia.

Buena opción para película dominguera que lamentablemente deja al espectador con la sensación de que algo le hizo falta para ser realmente una gran película.

JAC
Tratando de discernir como Kasparov pudo perder con Deep Blue.
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