domingo, junio 15

Speedway to Hell, Segunda Parte

Bueno, pues volviendo al tema.

Habiendo establecido que tanto el Infierno como el Paraíso son conceptos creados por la Iglesia Católica, es lógico asumir que los lineamientos de moralidad con que pretenden enseñarnos a diferenciar entre el Bien y el Mal resultan tendenciosos y, de menos, cuestionables.

¿Quieren ejemplos? Analicen las reacciones de la Iglesia, o mejor dicho, de los
altos funcionarios de la Iglesia, cada vez que un evento social amenaza con desbalancear su cada vez más inestable posición como rector ideológico en la consciencia de las masas. Recordemos también que la Iglesia Católica tiene un historial de siglos de corrupción, tráfico de influencias, sobornos y luchas internas que podrían avergonzar al más amoral de los priístas de nuestro país. La Santa Inquisición es una muestra de hasta donde, históricamente hablando, están dispuestos los miembros de la Iglesia a manipular la percepción de la verdad para servir a sus fines particulares. En la obra del propio Dante se pueden hallar alusiones a Papas corruptos; y ya que andamos con los Papas, basta recordar el papel que jugaron en la conformación política y económica de Europa durante la Edad Media. Poco les importaba mudar la sede pontificia o respaldar tiranos si eso aseguraba su posición de poder. Juan XXII y Alejandro VI -¿o acaso no todo mundo relaciona Borgia con Perversión?- son nombres que brincan de inmediato cuando se piensa en corrupción en la Iglesia.

En fin, creo que para estas alturas ya es bastante claro que si algo siento por la Iglesia es desconfianza. Pero ese no es el punto al que quiero llegar. Más bien mi pregunta es ¿necesita la humanidad de una guía moral? La respuesta más lógica sería obviamente sí. Pero la responsabilidad que esto implica no es una que se pueda delegar por simple elección. Es decir, no podemos designar un Comité a cargo de
decidir sobre un nuevo set de normas de conducta que ayuden al ser humano a permanecer dentro del camino del Bien. Y aún cuando pudiéramos hacerlo, hay que tomar en cuenta la responsabilidad que esto implica. Y, al menos en este caso, con gran responsabilidad viene gran poder. Y el poder corrompe. Volviendo al ejemplo de la Iglesia Católica -si, soy un necio. Alberto Calvo, mucho gusto- recordemos que les tomó menos de mil años pasar de ser un grupo de parias y predicadores errantes siempre huyendo del yugo del Imperio Romano a ser la fuerza política, ideológica y económica más importante del mundo. Con toda la porquería y malas costumbres que esto implica.

Otro punto importante de reflexión es las consecuencias que podría tener vivir en un mundo amoral. Volviendo a los ejemplos históricos nos podemos remitir a la leyenda de Sodoma y Gomorra -no pienso validarla como algo más que leyenda, pues ya he aclarado que no confío en su fuente-. O al Imperio Romano. Los Asirios. El Imperio Persa. Todos son ejemplos de sociedades que poco a poco dejaron atrás todo vestigio de
moralidad y sus excesos terminaron por colapsarlas. Sin ir más lejos basta con ver las noticias. Todos los días podemos ver ejemplos de gente que no muestra respeto por la vida o por sus semejantes. Terrorismo, guerras étnicas, robos, secuestros, etc. El ciclo se repite, sólo que esta vez es a un nivel global, lo cual haría parecer urgente el establecimiento de un nuevo patrón de conducta.

En fin, mi idea no es predicar ni tratar de convencer a nadie de afiliarse a ninguna secta o grupo espiritual en busca de el camino de la virtud. Si ese fuera el caso, quizás hubiera intentado crear una religión propia -mmh, creo que ese sería un buen negocio-. O quizás, portándome de un modo más honesto, hubiera tratado de remitirlos a textos de filósofos y pensadores orientales, invitando a la meditación y la búsqueda interna, pero tampoco es esa mi intención. ¿Qué que pretendo entonces? Nada, en realidad. Sólo que a veces me aburro de repasar estos temas en mi cabeza discutiéndolos conmigo mismo.

Y no creo que ustedes esperaran que yo les diera una respuesta. Después de todo, yo comparto la lección aprendida alguna vez por el Pequeño Saltamontes. “No busco
conocer todas las respuestas. Sólo quiero entender todas las preguntas”.

JAC
Soñando con mariposas.
¿o era al revés?
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